El cadáver de la bruja
Por razones de seguridad
no puedo decirles mi nombre, y me veré en la penosa necesidad de cambiar
algunos datos y referencias de lo que les contaré para mantener en resguardo a
los implicados. He dedicado gran de vida al Ejercito, entré a sus filas cuando
apenas cumplí los dieciocho años, al inicio mi camino fue muy duro, pero me
decidí y entre a estudiar en la Escuela Médico Militar, y hoy ostento el grado
de Teniente Coronel. Por la carrera que elegí en ocasiones los llamados son
particularmente especiales, sobre todo para el trabajo en el área forense.
Durante tantos años
estuve en operaciones difíciles, exclusivas del Ejército, y llegó un punto en el
que creí que ya nada me sorprendería, hasta que un día mientras me encontraba
en una maniobra en el poblado de San Miguel sonó mi teléfono, era mi Coronel N.
Sin más me indicó que me dirigiera a la zona de las Tres Cruces, era una región
que no estaba muy lejos de ahí, así que reuní a mi Escuadra y emprendimos la
marcha. En cuestión de unos treinta minutos nos encontrábamos en la zona baja
de aquel cerro, ahí nos esperaba mi Coronel N con su gente que ya resguardaba
el perímetro. No pude evitar dejar de ver cierta preocupación en su rostro.
Me cuadré frente a él y
sin decir más me hizo un gesto para que lo siguiera, le indiqué a mis hombres
que se quedaran ahí y nos adentramos en aquella parte boscosa, yo caminé en
silencio detrás de él y así anduvimos por alrededor de unos diez minutos, todo
parecía normal hasta que llegamos a un punto en donde había varios árboles
derribados, los pasamos y finalmente nos paramos frente a un pequeño cráter en
el suelo de no más de metro y medio de diámetro, y me señaló hacía lo que
parecía un bulto calcinado en medio de aquel boquete. Al inicio pensé que era un
meteorito como cualquier otro y no entendí por qué solicito mi presencia en un
caso claro que era para los «Ingenieros», pero conforme me fui acercando a aquel
agujero empecé a mirar con mayor detenimiento aquella cosa parecía el cuerpo de
una persona, y alrededor de ella las hojas y el forraje en el suelo parecían estar
prácticamente calcinadas, como si hubieran usado un lanzallamas.
Saqué unos guantes de mi
mochila y empecé a auscultar aquel cuerpo. Identifique inmediatamente que se
trataba de los restos de una mujer joven, pero algo no me checaba, aparecía en
una postura como en estado fetal mirando hacía el suelo, pero debajo de sus
rodillas el resto de las piernas y los pies no parecían humanos, parecían más
las patas de un ave, y sus manos eran totalmente desproporcionadas con el resto
de su cuerpo, demasiado grandes y delgadas con garras demasiado largas como si
tuviera pequeños cuchillos en las uñas, pero lo que más me sorprendió de todo
lo que estaba viendo es que a pesar de que toda su ropa estaba prácticamente quemada,
la joven no presentaba ni una sola quemadura en el toda la piel, y eso me
intrigó demasiado.
Mientras seguía
auscultando aquel cadáver de reojo noté la preocupación y el temor en el rostro
de mi Coronel N, en verdad era una situación difícil de explicar, aquel cuerpo
no era algo que yo hubiera visto antes en mi larga experiencia. Dejó que
siguiera revisándola unos minutos más pero al ver que no emitía ningún
comentario se me acercó y me preguntó sin rodeos: «qué es esa cosa», yo quizá
en ese momento estaba más confundió que él, esto era verdaderamente
desconcertante pero templé mi voz para que no sonora temblorosa y le sugerí
algunas posibles teorías, como que se podría tratar del caso de algún tipo de
ritual satánico de alguno de los cárteles del narco de la región o en yéndonos
a un caso extremo, podríamos estar frente a algún experimento genético
clandestino, como ya nos había pasado en ocasiones anteriores. Apenas termine
mis posibles explicaciones el Coronel N me sonrió burlonamente, se me acercó a
mi rostro y sin más me dijo muy seguro de sí mismo: «ésta es una bruja», se dio
media vuelta y se regresó por el sendero por donde habíamos llegado, antes de
perderse entre los árboles me gritó que me enviaría a mi gente y que necesitaba
mi reporte de esa cosa para mañana a primera hora.
Apenas llegó mi gente me
dediqué a analizar la escena. Muy probablemente cayó de una altura considerable
atravesando y derribando algunos árboles a su paso. Con ayuda de mi Capitán Primero
sacamos aquel cuerpo del boquete, al voltearla y tratar de estirarla para que
quedara boca arriba, me quedé muy confundido porque no presentaba el típico
rigor mortis de un cadáver y según el reporte del Coronel N ya habían pasado al
menos más de diez horas de su hallazgo. Seguí revisándola con detenimiento y encontré
una herida de bala en su pecho del lado derecho a la altura del corazón, destrozándoselo,
lo que nos podría indicar la causa probable de su muerte. Lo que no entendía hasta
ese momento es como la habían lanzado desde lo alto del cerro, si con algún
tipo de catapulta u otro instrumento similar, la gente no vuela pensé, vaya
equivocación. Otras de las cosas que más me impactaron fue su rostro, con la boca
entreabierta mostrando unos dientes afilados más grandes de lo normal, y sus unos
ojos abiertos con las pupilas de una tonalidad entre amarillenta y rojiza.
El tiempo se nos fue muy rápido
y nos alcanzó la noche, mi gente puso varias lámparas alrededor alumbrando bien
la escena, y seguimos recogiendo muestras del cuerpo, del boquete y de todo
alrededor incluyendo los árboles derribados. Cerca de las tres de la mañana el
cansancio nos fue pegando, mandé a dormir a la mayoría de mis hombres, deje un
vigía y yo continúe recopilando algunas muestras más con mi Capitán Primero. Y
parecía que transcurría una madrugada tranquila, pero de repente todas las
lámparas que teníamos empezaron a parpadear de manera intermitente, hasta que
finalmente se apagaron y quedamos completamente a oscuras en medio de aquel
bosque y de la nada el viento empezó a soplar muy fuerte, el sonido que
provocaba al pasar entre las ramas era aterrador, y empezamos a escuchar un
lamento profundo que parecía venir de la parte de arriba del monte, volteé
tratando de buscar el origen y vi unos pequeño puntos luminosos que brincaban
en el punta del cerro. A pesar de mi preparación y mi larga experiencia sentí miedo,
tragué saliva y le pedí a mi Capitán Primero que alertara al resto del equipo.
Yo traté de comunicarme con la gente de mi Coronel N que cuidaba el perímetro
para notificarle de aquellas luces, pero al intentarlo por el intercomunicador
solo escuché una gran interferencia. Lo intenté por el teléfono y el resultado
fue el mismo.
Mi gente ya estaba en posición con sus armas a mi alrededor, y entonces aquellos puntos luminosos se empezaron a multiplicar y aquellos lamentos aterradores se empezaron a escuchar cada vez más fuerte, todos permanecíamos a la expectativa pecho tierra, pero fue cosa de un segundo cuando aquellas luces brincaron hacía abajo del cerro, el nerviosismo hizo que uno de mis Tenientes se le fuera un tiro, sin más el resto empezó a dispararle a aquellas luces que se empezaron a dispersar ante aquella lluvia de plomo y a desaparecer entre los árboles, la balacera continuó solo unos segundos más, hasta que grité la orden de alto al fuego. Todo quedó en silencio, también se dejaron de escuchar aquellos horribles lamentos, dejamos pasar unos segundos más y nos levantamos de nuestra posición. Ya no pudimos echar a andar las lámparas ni el equipo de comunicaciones, por lo que nos mantuvimos en guardia hasta el amanecer. La temperatura descendió considerablemente y a pesar de nuestros uniformes especiales temblábamos de frío. Cerca de las cero seiscientas llegó el Coronel N con algunos miembros de su guardia, al vernos en alerta nos miraron desconcertados, después de cuadrarme frente a él le di un informe completo del cadáver encontrado y de lo que había pasado durante la madrugada. El capitán fijó su mirada en las hojas que le di, las pasó rápidamente y se detuvo en la parte final y leyó casi para sí: «no concluyente», hizo un gesto de molestia y me dijo que el equipo de comunicaciones servía perfectamente al igual que el equipo de iluminación, y sin levantar la vista del reporte me dijo que fue una noche muy tranquila, que su Batallón no le había reportado que se hubieran escuchado disparos en la madrugada en el perímetro. Yo lo miré desconcertado y en cierto momento pensé que estaba bromeando, pero su rostro permaneció muy serio, entonces entendí por dónde iba el asunto. Ya no le insistí sobre los sucesos que vivimos y escuchamos. Levantó la mirada y la dirigió hacia el cadáver de aquel ser tendido a un lado del boquete y me dijo de manera tajante: «aquí no pasó nada», recoja sus cosas y preséntese al cuartel hasta nuevas órdenes. Sin chistar me di la vuelta y me retiré de ahí.
Ya hace algunos años que no sé nada del Coronel N ni tampoco que fue del paradero del cuerpo de aquella joven bruja, de lo único que me enteré por medio de algunos contactos fue que mi reporte de lo que pasó aquella madrugada fue eliminado de los archivos.
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