El Amarre
Espero que mi historia
pueda servirles de alguna manera, a todos los que han pasado por los mismo que
yo, y que ciegos por el amor de una persona que nos los quiere, los lleve a
buscar en la brujería la única forma de retenerla o de vengarse.
En verdad llegué a amarlo
muchísimo, Jorge fue el amor de mi vida, me gustó tanto desde el primer día que
lo conocí, cuando me lo presentó mi amiga Chayito en el carnaval de Santa María.
Sin decir más me invitó salir y no pude decirle que no, a pesar de que mi amiga
me advirtió que ya estaba comprometido con la hija de uno de los ganaderos más
ricos del pueblo. Hice oídos sordos y no me importó. Empezamos a salir, todo parecía
tan especial entre los dos, que llegué a pensar que él dejaría a su novia para
quedarse conmigo.
Pero todo ese amor que me
dijo tener se terminó de un día para otro, cambió por completo su forma de ser
conmigo. La última vez que estuvimos juntos, me dijo que ya no nos volveríamos
a ver, que habíamos terminado para siempre, yo no podía creerlo, pensé que
bromeaba, corrí a abrazarlo y le dije llorando que no me dejara, le supliqué de
rodillas, pero no me escuchó, dio media vuelta y se fue dando un portazo. Yo me
quedé llorando sobre la cama, todo giraba a mi alrededor sin control, sentía
que me faltaba el aire, y entonces algo cambió en mí, empecé a odiarlo con
todas mis fuerzas y juré que haría lo fuera para que regresara conmigo o para
que nunca fuera feliz, de alguna manera tendría que pagar con mucho dolor el
daño que me estaba causando, así tuviera que venderle mi alma al diablo.
Al otro día por la tarde,
salí con rumbo al Senderillo, es el único camino que va del pueblo al cerro de
las Tres Cruces, me dijeron que al llegar a la Barranca me metiera al bosque
que esta de frente y que ahí encontraría un camino que me llevaría con Mares,
la vieja bruja de la región, que ella me ayudaría en lo que yo le pidiera. No
lo dudé ni un instante, así que me fui para allá, pero al meterme entre los
árboles, empecé a encontrar varios cuerpos de gallinas negras descabezadas,
como si formaran un camino de sangre a lo largo del bosque, el olor a podrido era
insoportable, estuve a nada de regresarme, pero era más mi odio hacía él que el
asco que sentía en ese momento, así que seguí.
Después de caminar por
varios minutos, por fin encontré la choza de la bruja. Antes de tocar me
persigné, me estaba empezando a dar mucho miedo todo esto. Toqué y se abrió la
puerta suavemente, apareció una viejecita encorvada, cubierta por un chal negro,
me miró a los ojos, sentí un escalofrío por todo mi cuerpo, y sin decirme más
me agarró del brazo y me metió. Adentro hizo un gesto con sus manos,
indicándome que le diera lo que llevaba, yo abrí con nerviosismo mi bolsa y
saqué una foto, un mechón de cabello y una prenda íntima de Jorge, las deposité
en aquella vieja mesa de madera. Ella fue agarrando cada una de las cosas,
mientras rezaba algo que no entendí, y las amarró fuertemente con un lazo de
color rojo, una vez que terminó, me agarró otra vez del brazo y salimos de la
cabaña hacia el bosque, caminamos entre la maleza por algunos minutos, hasta
que se paró frente a un gran árbol y siguió con aquellos extraños rezos que no
entendía, entonces se arrodilló, pero también me jaló del brazo para que también
me arrodillara y empezó a escarbar un hoyo en la tierra con sus manos, me hizo un
gesto con la cara para que la ayudara, y así estuvimos rascando la tierra.
Cuando ella consideró la
profundidad adecuada, se detuvo y sacó mis manos del hoyo, entonces metió aquel
bulto que hizo con el lazo rojo y las cosas de Jorge, ingenuamente pensé que
era todo, pero en ese momento también sacó de entre su chal un conito de papel
que contenía un polvillo amarillo que regó sobre el amarre, y además sacó un
frasquito con un líquido rojo muy espeso, pensé que era sangre, y con mucho
cuidado vertió solo tres gotas, mientras seguía con sus rezos extraños, yo
tenía los nervios de punta. Por último, sacó dos pedazos de ocote y los colocó
entrecruzados sobre aquella preparación y encendió un cerillo, lo puso a la
altura de su rostro y me miró fijamente, pero esta vez su cara me pareció
burlona, yo estaba aterrada, y solo moví la cabeza a manera de consentimiento,
y todo se volvió confuso a partir de ese momento, escuché por única vez su
horrible voz, con aquellas palabras como si me las hubiera gritado a los oídos:
«¡anima vestra!», al tiempo que dejaba caer el cerillo sobre aquel embrujo,
entonces salió una gran flama del hoyo, al tiempo que ella empezaba a reír a
carcajadas. Yo me levanté espantada, di media vuelta y empecé a correr en el
bosque, buscando desesperadamente como salir de ahí, a mis espaldas seguí
escuchando aquella risa macabra retumbando por todos lados. No se cómo, pero pude
encontrar el camino hacia la Barranca, traía las rodillas y las manos raspadas
de las tantas veces que me caí, me detuve solo un momento al salir del bosque para
recuperar el aliento, y empecé a correr otra vez sobre Senderillo hacia el
pueblo.
Llegué a mi casa con el
corazón a punto de reventar, estaba bañada en sudor. Mis papás no me dijeron
nada cuando me vieron entrar, solo se me quedaron viendo extrañados, entonces
me subí a mi recamara, me tumbé en la cama y me quedé profundamente dormida. Al
otro día ya no pude levantarme, empecé a estar muy enferma, primero con
temperaturas altas y alucinaciones, y después con mucho vértigo y cansancio, por
las noches no podía dormir, pues apenas cerraba los ojos y aparecía aquella
imagen de la bruja riéndose a carcajadas de mí.
Así estuve por varias
semanas, mis papás me llevaron a todos los médicos del pueblo, pero nadie les
daba razón de mi enfermedad, hasta que un día todos los síntomas desaparecieron
de la noche a la mañana, así como llegaron. Ese día desperté de buen ánimo, me
levanté y bajé a desayunar. Mis papás se alegraron mucho cuando me vieron frente
a ellos ya recuperada, corrieron a abrazarme. Nos sentamos a la mesa y empezamos
a desayunar. Entonces tocaron a la puerta, mi papá fue a abrir, era mi amiga Chayito
quien venía llorando, me adelanté a abrazarla y la senté con nosotros, parecía
realmente destrozada, entre sollozos nos empezó a contar que la novia de Jorge se
había ido ayer a la ciudad con sus padres, para traer su vestido de novia y
algunas otras cosas, y que al regresar por la noche, en el entronque con la
autopista, habían sufrido un grave accidente, yo sentí que el piso se me hundía,
y que hace algunas horas les habían avisado a la familia que al parecer todos estaban
muy graves, que no había muchas esperanzas y que Jorge estaba destrozado, todo
el pueblo ya se había enterado de la noticia. Al momento yo no daba crédito a
lo que escuchaba, Chayito siguió llorando mientras mi mamá trataba de
consolarla, yo estaba completamente desconcertada, me senté junto a ellas.
Tengo que ser sincera con ustedes, una parte de mí no pudo de dejar de
alegrarse, Jorge por fin pagaría con creces todo el dolor que me había
provocado, pero el saber que una familia inocente pagaría también por mis
deseos de venganza, me hizo sentir muy culpable.
Por la tarde confirmaron
el fallecimiento de la novia de Jorge y sus papas. Yo no podía aceptarlo, aun
me resistía a creer que la bruja Mares lo había hecho y que yo lo había
provocado. Hubo muchísima gente en el funeral, era una familia muy querida por
todo el pueblo. Al otro día, como un autómata me arreglé para ir al entierro. Ahí
estaba Jorge, destrozado por completo, de rodillas sobre la tierra frente al
féretro de su amada, deshecho por dolor. En algún momento nuestras miradas
coincidieron y su mirada fue de desprecio y odio. Yo quería acércame y decirle
que lo seguía amando, que yo estaría para él, pero al verlo así, comprendí mi gran
error.
Fue tanto su dolor que se refugió en el alcohol, se le empezó a ver a diario por las calles tomando y nunca más pudo salir de eso, entonces comprendí que él nunca me hubiera amado como la amaba a ella. En el pueblo empezó a correrse el rumor de que una joven despechada le había hecho brujería para que no se casara, la gente empezó a hablar de mí. No pude con tanto y decidí irme a vivir a la ciudad. Nunca me casé, vivo sola, y aún cargo esa culpa sobre mis hombros, por haberle hecho daño a gente inocente.
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