El ritual del hada
Sofía fue mi mejor amiga,
estuvimos juntas desde la primaria hasta la preparatoria y como vivíamos en la
misma colonia, casi siempre nos veíamos todas las tardes después de clases y la
pasábamos muy bien, por eso me dolió mucho lo que pasó, tal vez si hubiera
platicado de todo esto antes para que alguien me orientara o me dijera que
hacer, pero tenía tanto miedo que cuando
lo intentaba las palabras simplemente no salían, y a pesar de que fue hace
mucho aun me cuesta un poco de trabajo poder darme a entender, porque ni yo
misma me lo he podido explicar durante todo este tiempo.
Toda esta pesadilla
empezó un poco antes de terminar nuestro primer año de preparatoria, estábamos
estudiando en la prepa 2 de Iztacalco y todo parecía estar bien, nos íbamos
juntas por la mañana, compartíamos algunas materias y nuestras horas libres y
casi siempre nos regresábamos juntas, pero como a mediados de año ella empezó a
cambiar mucho conmigo, empezó a juntarse con unas chicas que siempre vestían de
negro, dejó de buscarme y de esperarme a la hora de la salida. Yo sentía que
cuando estaba con ellas trataba de evitarme, y así fue por varios meses, hasta
que un día coincidimos en un pasillo, iba sola así que me animé a detenerla y le
pregunte qué es lo que estaba pasando con nosotras, ella miró a ambos lados del
pasillo y me jaló hacía adentro de un salón vació sin darme tiempo a
reaccionar, adentro lo primero que me preguntó fue si le guardaría un secreto,
yo no supe que decirle solo asenté con la cabeza, de su mochila sacó como un
pergamino al que le faltaban pedazos, con algo parecido a letras, y me dijo que
las chicas con las que se juntaba se lo habían compartido, que era un viejo
ritual medieval para invocar a las Hadas, y me dijo muy emocionada que estaba completando
lo que faltaba con algunas imágenes que encontró en internet para después traducirlo
y poder llevar a cabo el rito. En ese momento la desconocí por completo, nunca
me enteré que fuera aficionada a las Hadas, ni mucho menos a los rituales esos,
en su mirada había algo extraño que no pude entender, y sin más me pidió que
nos fuéramos juntas y que pasáramos a su casa para enseñarme algo más, sin
pensarlo mucho le dije que sí, pero que tenía todavía otra clase, que me
esperara, no me escuchó, me agarró de la mano y me llevó casi a rastras hacía
la salida.
No habló de otra cosa que
no fueran Hadas durante todo el camino, yo en verdad seguía sorprendida,
parecía otra persona totalmente diferente a la había conocida toda mi vida.
Cuando llegamos a su casa su mamá estaba en la sala, se alegró mucho de verme,
pero ni me dejó saludarla bien y nos pasamos a su recámara, apenas entramos cerró
con seguro la puerta, aventó la mochila y se agachó debajo de la cama, cuando
se levantó traía una caja de zapatos que puso encima de su escritorio y la
abrió, sacó un libro muy viejo, las pastas parecían de madera con cuero y las
hojas se parecían al pergamino que me enseñó en la escuela, le pregunté en que
idioma estaba escrito, me dijo que era latín y que ya había logrado traducir casi todo con una
app, prendió su computadora y abrió el archivo, yo me sentía muy extraña ahí,
en todas la paredes había imágenes de supuestas Hadas, con rostros y alas que
parecían más de demonios que de otra cosa, eso me dio mucho miedo que apenas y
miré la pantalla, leí rápidamente su traducción y no me pareció que esa fuera
una plegaria para invocarlas, aquello hablaba de hijas de ángeles y demonios, de
seres burlones y vengativos, pero la veía tan emocionada que ya no le dije nada,
fue entonces cuando me dijo que haría la invocación con sus nuevas amigas, ya
que tuviera el ritual traducido completamente, solo acerté a sonreírle, se me
quedó viendo fijamente y me dijo que estaba invitada, me sentí incomoda así que
me disculpé con ella con el pretexto de que no había avisado a casa que
llegaría tarde, y que por eso me tenía que ir, agarré mi mochila y cuando salí
de su cuarto respiré aliviada, al pasar por la sala su mamá ya no estaba.
Al otro día faltó el
Maestro Ramírez por lo que tendría dos horas libres, así que pensando en evitar
encontrarme con Sofía, decidí irme a la biblioteca a esperar mi siguiente
clase, pero al salir del salón ahí estaba ella sentada en el pasillo, se paró
rápido y me saludó, me dijo que sus amigas no habían querido hacer el ritual de
invocación, que necesitaba de mi ayuda y sin darme tiempo a decirle algo me
agarró de la mano y me jaló hacía el jardín de atrás. Nos sentamos junto a los
árboles grandes, desde ahí era difícil que alguien nos viera, sacó su libreta,
el pergamino, varias hierbas, un frasco con un líquido rojo espejo, un pequeño
recipiente de metal y una vela negra, metió los trozos de hierba en el
recipiente y vertió unas cuantas gotas del frasco, con una piedra machacó todo
mientras rezaba algo que no entendía, en cuando acabó prendió la vela y me dijo
emocionada que ya estaba todo listo, me dio una hoja y ella agarró el pergamino
y me dijo que leyéramos al mismo tiempo, pero apenas empezamos la primera
estrofa, me di cuenta que ella lo estaba leyendo en aquel idioma, en latín creo,
y yo en español, conforme leíamos me agarró de la mano y empezó apretarme muy
fuerte, sentí como sus uñas se me enterraban en mi piel, traté de zafarme pero
no pude, dejé de leer la hoja, al levantar la vista me di cuenta que ella no
estaba leyendo, tenía los ojos cerrado, lo estaba recitando de memoria, estaba como
en un trance, se movía un poco de lado a lado, yo me asusté mucho y logré
soltarme, traté de agarrarla por el hombro pero al tocarla sentí como si me
hubieran dando una descarga eléctrica, lo volví a intentar pero esta vez con la
dos manos, en ese momento sentí que algo me aventó hacia atrás con mucha fuerza,
caí a unos metros de ella sobre el pasto y al querer regresar ayudarla, sentí
como si alguien me jalara de los pies y me arrastrara, yo empecé a patalear con
todas mis fuerzas, de pronto Sofía se paró como si alguien la hubiera jalado de
los cabellos hacia arriba, tenía los ojos en blanco y la boca entreabierta
balbuceando aquel ritual una y otra vez hasta que finalmente se detuvo y cayó
al piso.
Ya no quise acercarme, corrí
hacia los edificios buscando ayuda, al entrar a un pasillo casi chocó con el
maestro Mario y como pude le expliqué lo que había pasado, corrió detrás de mí hasta
Sofía y mientras se acercaba a ella me gritó que avisara a la dirección para
que pidieran una ambulancia, pero para cuando entré a la dirección y le avisaba
al subdirector ya venía entrando el maestro con Sofía en los brazos, y la puso
sobre un escritorio desocupado, apenas la dejo y corrió hacia el botiquín, en
ese momento Sofía abrió los ojos y me miró con una sonrisa burlona, yo no supe
que hacer me quedé sorprendida, yo en creí que estaba inconsciente, y en eso
llegó el maestro con una bolsa de algodón y una botella de alcohol, al regresar
la mirada al rostro de Sofía éste seguía con los ojos cerrados y las facciones
desvanecidas, el maestro la enderezó un poco y empezó a pasarle un pedazo de
algodón empapado con alcohol por la nariz, ella reaccionó casi de inmediato y
empezó a toser, así estuvo unos momentos más hasta que finalmente la sentó
sobre el escritorio, para ese momento ya estaba el subdirector y la Directora
junto al Maestro.
Se acercaron y le preguntaron
cómo se sentía, ella les dijo que bien, solo un poco mareada, entonces el
subdirector le comentó que le marcaría a sus papás, pero que de todos modos
estaba por llegar una ambulancia para revisarla, la ayudaron a bajar del
escritorio, ella se paró como si nada, yo estaba sentada frente a ellos, sentí
otra vez su mirada burlona y entonces empezó a caminar hacia mí, al inclinarse para
sentarse a mi lado les puedo jurar que al acercar su cara a la mía me dijo casi
al oído con una voz muy ronca: «Sofía ya no está», yo sentí un escalofrío que
recorrió todo mi cuerpo, agaché la mirada y mis piernas empezaron a temblar,
sentí como pasó su brazo sobre mi cuello y me abrazó, su cuerpo estaba muy frío
casi helado, traté de retirarme un poco, pero me apretó con más fuerza hacia
ella, yo estaba paralizada por el miedo no supe cómo reaccionar, pero
afortunadamente llegó su mamá, ella me soltó de inmediato y se levantó a su
encuentro, yo aproveché para salirme de la de la dirección.
Las siguientes semanas traté de evitarla lo más que pude, pero a veces me sorprendía entre los pasillos o en los jardines, con esa mirada burlona en su cara. Yo nunca le conté nada a nadie de lo que había pasado, estaba segura que nadie me creería, me tirarían por loca, y la verdad no sé cómo le hice para no perder mi poca cordura durante esos días. Llegaron las vacaciones y fue un gran alivio para mí, aunque si hubo varias ocasiones que me pareció verla cerca de mi casa, no le respondí mensajes ni llamas y la única vez que fue a visitarme le pedí a mi mamá que le dijera que estaba enferma.
Aunque debo de confesarles que el día hoy me arrepiento de no haber hablado con ella en esos días, que debieron ser muy difíciles, porque al regresar nuevamente a clases, Sofía ya no se presentó y después de algunas semanas se empezó a correr el rumor de que se había suicidado. Esa misma tarde fui a su casa, sobre la puerta había un gran moño negro, estuve tocando un buen rato, hasta que la vecina de al lado salió y me comentó que los papás de Sofía se habían ido a los pocos días de la muerte de su hija y que no sabía cuándo volverían, yo me quedé muda, apenas y pude darle las gracias a la vecina, y me fui a mi casa caminando, cuando llegué me encerré en mi cuarto a llorar.
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