La cabaña del diablo
Hoy lo pienso así, los
seres humanos a veces somos muy necios y en ocasiones no queremos aprender de las
vivencias ajenas, y entonces nos aferramos a tener que vivirlo en carne propia
para aprender las cosas a la mala, y eso fue precisamente lo que nos pasó a mi
novia y a mí hace casi dos años, en un camping que nunca olvidaremos en nuestra
vida.
Todo empezó mientras
veíamos un video en la red de un chico que había tenido una experiencia por
demás paranormal, mientras acampaba en el Campamento Risco de los Lobos en el Estado
de México, la historia parecía demasiado aterradora para ser real, el joven
contaba acerca de que él y un grupo de amigos de toda la vida decidieron rentar
por un fin de semana una de las cabañas más alejada y tétricas del lugar en
medio del bosque, y que ese día llegaron desde temprano para tener chance de
recorrer todas las atracciones que el parque ofrecía por lo que tuvieron todo un
día completo de diversión y aventura, pero que todo fue completamente distinto
al oscurecer, ya que en la primera y única noche que pudieron pasar ahí, se les
ocurrió hacer una fogata y alguno de sus amigos sacó varías botellas de tequila
que traía escondidas en la mochila, y ya bajó los efectos del alcohol les
pareció a todos una buena idea ponerse a jugar con una vieja ouija de madera que
alguno de ellos encontró dentro de la cabaña.
Jugaron una y otra vez hasta
la madrugada, sin que aparentemente hubieran podido contactar con algún ente
demoniaco como lo habían visto tantas veces en las películas de terror, por lo
que algo decepcionados y cansados decidieron meterse a la cabaña a dormir, pero
a los pocos minutos de haber apagado las luces, una de sus amigas que compartía
la cama con otra chica del grupo, empezó a convulsionarse y a retorcerse de
manera por demás extraña sobre la cama, algunos de sus amigos intentaron
sujetarla pero fue imposible, porque la chica parecía tener una fuerza
sobrehumana, aun así siguieron intentándolo mientras conseguían ayuda, algunos
de ellos pensaron que se trataba de un ataque epiléptico o algo parecido, pero por
la forma y la fuerza con que se empezó a retorcer y la voz tan tenebrosa con
que les empezó a hablar les pareció más que una posesión demoniaca, al llegar los
encargados y ver que no podían hacer mucho por la joven, desesperados decidieron
recurrir a la gente de un poblado cercano, quienes acudieron a su ayuda con el párroco
de la iglesia, pero que al llegar a la cabaña y querer auxiliar a la chica las
cosas se complicaron todavía más.
El relato del chico se
cortaba repentinamente ahí, al parecer nadie había querido decir que pasó
después, si la chica en verdad había estado poseída por algún demonio o la
situación que experimentó se debió a alguna rara enfermedad, o si fue
exorcizada y se recuperó, pero por más que buscamos no había más información en
la red, al parecer la tierra se los tragó y no se supo más de ella y sus amigos.
A partir de aquella supuesta posesión demoniaca que vivió la joven, ese lugar
fue bautizado por los empleados del Campamento y los lugareños como la Cabaña
del Diablo, y se empezaron a correr muchísimos rumores acerca de lo que pasó
ahí en realidad, primero de boca en boca entre los pobladores cercanos al lugar,
poco tiempo después en foros o comentarios en la red haciéndolo viral, y
entonces aquella vieja cabaña en medio del bosque empezó a ser la más
solicitada precisamente por grupos de jóvenes deseos de vivir una experiencia
similar a la de los protagonistas de aquel video, y según los comentarios de
algunos empleados del lugar, casi todos ellos llegaban con una actitud muy retadora
de pasar por lo menos una noche completa ahí, sin embargo cada uno de esos
grupos de chicos acabaron abandonando la cabaña en plena madrugada y acampando
afuera en el bosque, ya que según relatos de los mismos jóvenes, adentro se
escuchaban lamentos desgarradores, puertas que se cerraban de golpe, objetos
que se movía por si solos, fuertes pisadas sobre el techo que hacían tambalear
a toda la cabaña y todos coincidían sobre un denso olor fétido insoportable.
Esa historia de la chica
poseída en la cabaña nos cautivó a mi novia Jessy y a mí. Ambos éramos amantes
de las películas y de las historias de miedo, y el pensar que podíamos tener
una experiencia por lo menos cercana a lo terrorífico nos atrapó enseguida, así
que sin pensarlo mucho revisamos nuestras finanzas y tras comprobar que
podíamos irnos unos días, nos contactamos por teléfono con el Campamento Risco para
reservar La cabaña del Diablo. El plan original era llegar desde el viernes y
quedarnos hasta el domingo, pero la persona que me atendió por teléfono me preguntó
más de una vez que si estaba seguro de querer rentar aquella cabaña por dos
noches seguidas, a pesar de que conocía la historia de lo que supuestamente
pasó ahí yo no entendí en ese momento el porqué de su insistencia, eso me
molestó un poco, y le volví a decir que sí estaba seguro, entonces me comentó
que no había ningún tipo de devolución si no llegábamos a ocupar la cabaña
durante nuestra estancia ahí y me confirmó nuestra reservación para el
siguiente fin de semana. Colgué un poco contrariado con aquello último que me dijo,
pero no le di mayor importancia.
Jessy se emocionó tanto
como yo en cuanto le confirmé que ya estaba la reservación para el siguiente
fin, entonces me comentó que invitaría a ir con nosotros a su mejor amiga,
Rocío. Le marcó de inmediato y la puso en altavoz, entonces ella comentó que
estaría genial poder ir a ese lugar, que había visto muchas cosas interesantes de
ese Campamento y de aquella famosa cabaña poseída en internet, y que si le daba
algo de miedo, pero al igual que nosotros era amante del terror, así que nos dijo
que estaría más que encantada de ir, de pronto hizo una pausa y antes de
terminar la llamada nos preguntó que si podía llevar a su novio y a su hermana
de él, Jessy me miró por un instante pero no lo dudamos, ya en otras ocasiones
habíamos salido con Rocío y su novio y habían sido experiencias agradables, así
que sin más le dijimos que no había ningún problema y que por el contrario, que
este tipo de aventuras se disfruta más entre más amigos. Jessy terminó la
llamada y emocionados nos pusimos a platicar de todo lo que haríamos cuando
estuviéramos allá.
Fue una semana pesada en
el trabajo, ya que como había pedido el fin de semana para nuestro camping,
tuve que reponer el tiempo después de mi horario normal, pero por fin llegó el
viernes. Ese día nos levantamos de buen humor los dos, después de desayunar
empezamos a preparar las cosas que nos llevaríamos a nuestro campamento.
Mientras yo sacaba de la parte de arriba del ropero nuestras maletas, me
encontré con aquella vieja ouija que habíamos comprado hace tiempo Jessy y yo
en un bazar de antigüedades, pero que nunca nos atrevimos a jugar solos, pensé
que se podría dar la oportunidad de estrenarla y que mejor lugar que en la supuesta
cabaña poseída, así que sin pensarlo mucho la metí hasta abajo en una de las
maletas. Una vez listos salimos de casa hacía las once de la mañana, pasaríamos
por Rocío, su novio y su hermana a casa de ella ya que nos quedaba de paso.
Jessy y yo íbamos muy contentos sin imaginarnos que toda esa alegría se
transformaría en terror en las próximas horas.
El trayecto estuvo muy
ameno, charlamos sobre otros viajes que habíamos hecho juntos y se nos fue el
tiempo muy rápido, en menos de una hora y media de camino ya estábamos entrando
a la carretera principal del Campamento. El camino era de doble sentido, pero a
la vista los carriles parecían muy reducidos y a ambos lados de la carretera todo
era bosque. Se nos hizo extraño que en pleno verano estuviera muy nublado y que
estuviera haciendo mucho frío, pero lo más raro fue que de la nada empezó a
bajar una neblina muy espesa y en cuestión de unos minutos cubrió por completo
el camino y el bosque, dejándonos a la vista un paisaje demasiado tétrico, eso
nos emocionó, hizo crecer nuestras expectativas de la experiencia que
esperábamos de ese lugar, cuando de repente de entre la niebla salió un tráiler
que invadía nuestro carril, apenas tuve tiempo girar bruscamente el volante y de
irme por el angosto acotamiento del camino, el carro fue dando muchos tumbos y estuve
a nada de chocar contra los árboles de la orilla, hasta que finalmente pude
frenar. Afortunadamente nadie resulto herido, el otro conductor ni se molestó
en detenerse se siguió de largo y se perdió rápidamente entre la niebla. Hoy
que lo pienso a la distancia creo que eso fue una señal, algo o alguien nos
intentó avisar de lo que nos esperaba en ese lugar. Aún aturdido por el miedo les
pregunté a los demás cómo encontraban, todos trataron de relajar el momento y
empezaron a bromear que aparte de unos cuantos golpes solo necesitaban un bolillo
duro para el susto, pero que todo estaban bien, solo la hermana del novio de
Rocío permaneció callada por unos segundos, tenía la mirada perdida y su rostro
estaba muy pálido, de pronto pareció despertar y entonces dijo que estaba bien
y ya no le dimos más importancia, porque si había sido un susto muy grande y
nos pareció normal que se pusiera así. Traté de arrancar el motor varias veces
hasta que por fin logré que encendiera el carro y lentamente me reincorporé a
la carretera.
Llegamos de mejor ánimo al
Campamento, un empleado nos recibió en la entrada del lugar y una vez que
bajamos todas nuestras maletas le di las llaves del auto y muy amablemente nos
indicó el camino a la recepción. Entramos a aquella gran casa de madera que
tenía un aspecto lúgubre y nos acercamos al mostrador donde una chica nos
atendió, y quién al revisar nuestra reservación en la pantalla de la
computadora, levantó la vista y nos miró con cierta curiosidad, supongo que no
le parecíamos tan jóvenes como para haber rentado esa cabaña, pero agradecí que
se ahorró cualquier comentario acerca de eso, y se limitó a realizar nuestro
ingreso y una vez que comprobó el pago completo, nos entregó las llaves de
nuestra cabaña y nos remarcó que no había devoluciones, posteriormente nos
indicó que siguiéramos de favor a su compañera que nos guiaría a nuestra cabaña,
al salir me sentí molesto otra vez por aquello de la insistencia de la no devolución
pero ya no dije nada, el plan era pasar un buen fin de semana.
Caminamos detrás de la
guía hasta el estacionamiento, ahí abordamos una pequeña camioneta de pasajeros
y emprendimos la marcha por un angosto sendero a campo abierto, desde ahí se
podía ver a lo lejos las cabañas entremetidas en el bosque, la neblina les daba
un aspecto bastante escabroso pero eso nos encantó, y hacía un costado vimos que
había una pendiente también boscosa que llegaba a la orilla de un gran lago de
color medio verdoso, con un pequeño puerto de madera y algunas lanchas, del
otro lado del bosque vimos una pista enorme para cuatrimotos y go karts, en
verdad pensé que la pasaríamos muy bien en aquel lugar, pero entonces recordé el
video de la chica poseída y sus amigos y sin más le pregunté a nuestra guía si
era cierto lo que se contaba de aquella cabaña, ella me respondió sin voltear a
verme con voz muy baja que era nueva y que no sabía mucho de aquellas historias
de lo que habían pasado antes, no sé por qué pero me dio la sensación que nos
mentía pero ya no quise insistirle más, así que me puse a platicar con Jessy y después
de unos veinte minutos de camino por aquel sendero de tierra amarilla en medio
del bosque, por fin llegamos a nuestro destino.
Apenas bajamos de la
camioneta volteamos hacia arriba, las cabañas eran elevadas, los cinco nos
quedamos con la boca abierta, maravillados por estar frente a la famosa Cabaña
del Diablo, una vez recuperados de la emoción empezamos a bajar nuestras
maletas, apenas terminamos, nuestra guía sin más se despidió y arrancó la
camioneta, y se fue lo más rápido que pudo hasta perderse en aquel sendero de
tierra como si quisiera huir de ahí. Nos quedamos un poco confundidos, pero
entonces yo les comenté que todo eso era parte del show que ofrecían para tener
más visitantes como nosotros, así que les dije que no le diéramos mucha
importancia y me encaminé a la cabaña.
Fui el primero en subir
aquellas viejas escaleras. Lo primero que notamos fue ese fuerte olor a humedad
y a podrido cuando abrimos aquella vieja puerta de madera de la cabaña, por eso
supusimos que había permanecido mucho tiempo cerrada, sin visitantes, por lo
que apenas dejamos nuestras cosas en la pequeña sala, nos dedicamos a abrir todas
las ventanas para que se ventilara todo un poco. Era una cabaña muy rústica y
antigua, tenía además de la sala una pequeña cocineta, dos recamaras y un baño
con tina, pero lo que más llamó nuestra atención fueron unas angostas escaleras
frente a la sala, a lado de la chimenea, que conducían a lo que parecía un
pequeño cuarto con una puerta encadenada y con candado sobre la cabaña, nos
pareció extraño y la verdad en ese momento no nos dieron muchas ganas de subir
a revisar a ver que había ahí, así que decidimos dejarlo para después. Jessy y
yo nos acomodamos en una de las recamará y Rocío, Rubén y Kary, su hermana, en la
otra habitación. Una vez que dejamos nuestras maletas sobre la cama decidimos irnos
a recorrer todas las atracciones del Campamento para aprovechar todo el día y
ya por la tarde, de regreso, nos dedicaríamos a desempacar y acomodar nuestras
cosas.
Regresamos a la cabaña como
a las seis de la tarde, llegamos muy contentos porque nos habíamos divertido
mucho en el recorrido por el Campamento, subimos la escalera a nuestra cabaña y
cuando Jessy intentó meter la llave en la cerradura la puerta se abrió completamente,
lo primero que pensamos es que alguien se había metido a robarnos, corrimos a
nuestras recamaras y todas nuestras cosas estaban afuera de las maletas y
regadas por todos lados, parecía que lo habían hecho con saña, algunas de
nuestras prendas de vestir estaban sumergidas en la taza del baño y en el
fregadero, y otras estaban esparcidas entre las ramas de los arboles alrededor
de nuestra cabaña, Jessy intentó comunicarse a la recepción del Campamento,
mientras nosotros nos dedicábamos a juntar todo otra vez, pero cual sería
nuestra sorpresa que, al hacer el conteo cuidadoso de todas nuestras
pertenencias, descubrimos con asombro que no se había llevado absolutamente nada,
a excepción de la ouija que llevaba oculta en mi maleta pero que no creí
importante mencionar en ese momento. Eso nos desconcertó mucho a todos, porqué
alguien se metería solo para hacernos la maldad, sin llevarse siquiera algo de
los objetos de valor, pero ya no quisimos darle más vueltas al asunto, teníamos
que aprovechar lo que quedaba de la tarde para buscar un poco de leña en el
bosque, habíamos pensando en el camino de regreso, en hacer una fogata para
pasar la noche y una carne asada para nuestra cena. Las chicas siguieron recogiendo
aquel desastre, mientras yo le comentaba a Rubén que iría a buscar algo de leña
mientras que el intentará prender la fogata y el asador con el carbón que
llevábamos.
Empecé a caminar entre
los árboles, no sé en qué momento la neblina apareció otra vez y sentí mucho
frío a pesar de que llevaba mi chamarra de borrega, además de que estaba seguro
de que no me había alejado demasiado de la cabaña, entonces me agaché para
recoger varias ramas secas regadas sobre el suelo, y fue entonces cuando
escuché aquellas pisadas sobre las hojas que parecían venir hacía a mí, por un
instante pensé que era Rubén que me había seguido para ayudarme, pero cuando
sentí que ya se estaba acercando de la nada dejaron de escucharse, me enderecé
rápido y volteé hacía el lugar donde supuestamente venía, a lo lejos entre los
árboles me pareció ver una silueta que apenas y se veía entre la niebla,
parecía un hombre muy alto y corpulento, pero tenía un poco rara la cabeza, tal
vez era un sombrero o algo así pero no era el novio de Rocío, entonces pregunté
tranquilamente sin alzar mucho la voz: «quién está ahí», aquella figura permaneció
inmóvil por un instante y después se desvaneció. Tragué un poco de saliva, pero
pensé que tal vez era otro visitante del lugar o inclusive algún guardia del
Campamento, mientras pensaba en esto me di cuenta de que no podía identificar
el sendero por donde había llegado, volteé hacía todos lados y todo parecía
igual, empecé a desesperarme un poco, así que decidí caminar hacia el frente pensando
que en algún momento tendría que salir de este lugar, pero por más que caminaba
parecía que llegaba siempre al mismo sitio como si estuviera dando vueltas en
círculo, esto se estaba convirtiendo en algo muy extraño.
No sé cuánto tiempo pasé
así pero yo supuse que mucho porque ya había anochecido por completo, traté de
relajarme, dejé la leña que había recogido otra vez en el suelo y revisé las
bolsas de mi chamarra y después las de mi pantalón buscando mi celular, pero recordé
que lo había dejado en la cabaña, esto ya me empezaba a preocupar, cuando de
repente escuché que alguien gritaba mi nombre, respiré aliviando era Rubén, traté
de seguir aquella voz entre la neblina pero apenas di unos cuantos pasos cuando
de pronto casi choco de frente con él, llevaba entre los brazos bastante leña. Al
verme no sé cómo me vio porque me preguntó de inmediato qué tenía, me extrañó
su pregunta y le dije que había estado caminando en círculos por un buen rato,
quizá una hora, él me miró un poco sorprendido y me dijo que solo había pasado
unos minutos desde que me había metido al bosque, y que él no se había tardado
mucho en prender el fuego para la fogata y el asador, por lo que decidió venir
a ayudarme. Lo vi tan serio y no nos conocíamos tanto como para creer que
estuviera jugando una broma que ya no le dije nada, solo le comenté que
regresáramos a la cabaña que las chicas ya deberían estar esperándonos.
Al llegar Jessy y Rocío
ya habían puesto una mesa y algunas sillas plegables, con todo le necesario
para la cena y estaban sazonando algo de carne en el asador. Rubén echó gran
parte de la leña que traía en la fogata y el resto lo fue a dejar debajo de la
cabaña, yo me senté junto a ellas todavía un confundido por lo que me había
pasado en el bosque y en ese momento noté que ya había empezado a correr un
poco de aire frío, los árboles se mecían suavemente con el viento y el cielo nublado
relampagueaba, pero no se escuchaba ningún trueno. Estaba tan embobado mirando aquel
paisaje que salté del susto cuando Jessy me agarró de repente de la cintura por
la espalda, ella empezó a reírse como loca al ver mi expresión y me dijo ya estábamos
a mano, en ese momento yo me le quedé mirando con un gesto de «a mano de qué», y
sin dejar de reírse me dijo que estuvo buena la broma de los lamentos y los
ruidos en el pequeño ático de la cabaña, que no se imaginaba cómo le había
hecho para subirme hasta allá, pero que si las había asustado y que habían
estado a nada de salir corriendo de ahí. Yo la miré sorprendido, no sé de qué rayos
me estaba hablando, pero en ese momento Rocío nos gritó que la cena ya estaba lista,
Jessy me abrazó y me dio un beso sin darme tiempo a preguntarle nada y nos acercamos
a la mesa, en ese momento Rubén bajó de la cabaña con otra chamarra en la mano para
Rocío, me extrañó no ver a su hermana así que le pregunté por ella, me dijo que
se sentía un poco mal, padecía de la presión y al parecer la impresión del
camión en la carretera le había afectado un poco más de la cuenta, pero que ya
se había tomado su medicina y que se acostaría un ratito para reponerse, pero
que todo estaba bien. Empezamos a comer y destapamos unas cervezas.
El gusto nos duró muy poco,
de pronto empezamos a escuchar algunos aullidos a los lejos en los cerros
cercanos, al principio no les dimos mucha importancia y seguimos comiendo, pero
entonces se empezaron a escuchar cada vez más cerca, quizá fue cuestión de unos
minutos cuando esos aullidos se transformaron en gruñidos de perros o lobos entre
los árboles que rodeaban nuestra cabaña, todos nos levantamos asustamos de las
sillas cuando entre la niebla empezamos a ver las siluetas de varias de éstas
bestias amenazantes a unos cuantos metros de nosotros, de entre todos sobresalía
una silueta en particular al centro de aquella manada, parecía del doble del
tamaño de las otras y con algo parecido a picos o cuernos sobre su cabeza y
lomo, parecían estatuas no se movían. Agarré a Jessy de la mano y le dije a
Rocío y a Rubén que no hicieran ningún movimiento brusco y empezamos a caminar muy
lentamente hacia la escalera de la cabaña, pero al dar el paso, Rocío pateó sin
querer una pata del asador y entonces se cayó haciendo un ruideral, fue
entonces que todo se salió de control, corrimos desesperados a la escalera,
subió primero Jessy y Rocío, después Rubén y yo al ultimó, yo sentía que teníamos
aquellas bestias encima, podría jurar que sentí su aliento caliente en mis piernas,
apenas entré cerramos con fuerza la puerta y le pusimos todos los seguros que
tenía y no conformes con ello arrimamos los sillones de la sala y los
recargamos contra la puerta, pero apenas acabábamos de poner el segundo sillón encima cuando se escuchó un golpe muy fuerte de algo
que chocó contra la parte baja de la puerta y después escuchamos otro y otro
golpe y así fue por varios minutos, la pobre madera se sacudía violentamente,
llegó un momento en el que pensé que no aguantaría tantos golpes, entonces se
calmaron aquellas embestidas pero en su lugar se empezó a escuchar como
rasgaban la madera, lo que parecía una enorme garra que hacía chirriar los
tablones a todo lo ancho y largo de la puerta.
Jessy marcó desesperada
varias veces a la recepción del Campamento, pero era inútil no había señal para
ninguno de nuestros teléfonos. Y de pronto todo quedó en silencio por un
momento, nos quedamos viéndonos unos a otros conteniendo la respiración y en
eso se escuchó como descendían unos pasos por la escalera y después a lo lejos
escuchábamos como revolvían nuestros trastes sobre la mesa plegable y después
nada, todo fue un silencio aterrador. Todos seguimos callados tratando de
reponernos del susto, tratando de entender que es lo que estaba pasando y tras
unos minutos angustiantes Jessy y yo decidimos asomarnos por la ventana que
daba hacía el frente de la cabaña, hacía donde estaba la fogata, y al mirar entre
las cortinas nuestra sorpresa fue muy grande, aunque el asador estaba en el
suelo y algunos pedazos de carne regados alrededor, la mesa plegable con todas
las cosas para nuestra cena, la nevera y las sillas seguían intactas,
iluminadas por la fogata. Realmente todo lo que estaba pasando era de locos,
porque todos escuchamos claramente como aquellas criaturas habían derribado y
revuelto nuestras cosas allá afuera. Jessy se dejó caer en el piso al borde de
un ataque de pánico, yo la abracé tratando de reconfortarla un poco mientras le
insistía que todo iba a estar bien. En ese momento toda la cabaña se iluminó
por un rayo y casi de inmediato se escuchó un gran estruendo y empezó a llover
muy fuerte.
No sé cuánto tiempo pasamos en silencio en medio de aquella oscuridad,
el ruido de la lluvia nos relajó un poco. Le comenté a Jessy que no podíamos
quedarnos así, que teníamos que hacer algo. Nos levantamos y encendimos todas
las lámparas de aceite que había en la cabaña y después con ayuda de Rubén
quitamos los sillones de la puerta, entre los tres decidimos que teníamos que
salir a buscar ayuda, Rocío permanecía callada y con la mirada aterrada junto a
nosotros. Buscamos entre nuestras cosas algunos de los cuchillos para cortar
carne y un par de impermeables. Quitamos los seguros y abrimos muy lentamente
la puerta, vimos como la madera tenía rasgaduras por todos lados. Yo salí yo
primero, con un cuchillo en la mano y una lámpara en la otra y detrás de mi
Rubén, bajamos muy despacio las escaleras, estaban muy resbalosas por la lluvia
y las manchas de las pisadas de aquellas bestias que parecían de lodo, todo parecía
estar demasiado tranquilo, una vez abajo nos acercamos muy despacio hacia donde
estaba el asador y la mesa plegable, todo estaba exactamente igual a como lo
dejamos hace unos minutos, eso nos desconcertó muchísimo, la fogata se había
apagado y en ese momento empezó a llover más fuerte, decidimos regresarnos a la
cabaña hasta que pasara el temporal para seguir revisando los alrededores, pero
apenas entramos Rocío salió con una cara de angustia de la habitación donde
estaba Kary, la hermana de Rubén, y nos pidió que entráramos con ella a verla.
Adentro estaba Jessy poniéndole un trapo mojado en la frente, al parecer estaba
ardiendo en fiebre, Rubén corrió a la sala a buscar algunos medicamentos que
traía en su maleta, mientras Rocío intentó por enésima vez llamar a la
recepción de la Campamento sin conseguirlo, yo le hablé a Jessy desde la puerta
para que saliera un momento de la habitación.
En la sala le comenté que
lo mejor era que me acompañara hasta la entrada del Campamento para pedir ayuda
y que Rubén se quedara con Rocío para que estuvieran pendiente de su hermana,
sé que Jessy estaba aterrorizada al igual que yo, pero asintió con la cabeza y
nos empezamos a preparar, sabíamos que no era muy largo el trayecto, tal vez
una media hora, pero estábamos conscientes de que con la lluvia se nos
dificultaría tal vez mucho más el camino, pero al parecer era la mejor decisión
que podíamos tomar. Les comentamos nuestro plan a ellos y estuvieron de
acuerdo, no había más que hacer y fue entonces cuando estábamos a punto de
salir de la cabaña cuando escuchamos un fuerte golpe sobre el techo muy cerca
del pequeño ático como si algo muy pesado hubiera caído sobre la cabaña, todo
se cimbró, pensamos que aquellas bestias había regresado, cerramos la puerta
asustados, Rubén corrió a la habitación con su hermana para ver como estaba, al
entrar nos empezó a gritar pidiendo ayuda y corrimos los tres hacia la
habitación, al entrar nos encontramos con una escena bastante fuerte, su
hermana se convulsionada y se retorcía de manera grotesca sobre la cama,
mientras balbuceaba algo que no entendíamos de su boca entre abierta y a Rubén
tratando de sujetarla para que no se siguiera rasguñando la cara, yo corrí a
ayudarlo pero los delgados brazos de Kary tenían una fuerza sobrehumana,
estuvimos batallando durante algunos minutos hasta que por fin logramos recostarla
de nuevo, me quité el cinturón para sujetarla a la cama, Rubén hizo lo mismo y
poco a poco se fue calmando, tenía la piel muy blanca y escurría un líquido
viscoso de color rojo de su boca. En ese momento me di cuenta que Jessy rezaba
de rodillas y que Rocío estaba tumbada en el piso paralizada por el miedo.
Tenía que reconocer que esto se había salido de control desde hace mucho. Me
acerqué a Jessy y la abracé, le dije que todo estaría bien y le pedí que
estuviera con su amiga, la ayudé a levantarse y sacó a Rocío de la habitación,
me acerqué a Rubén y le comenté que en cuanto parara un poco la lluvia nos
instalaríamos afuera en las tiendas de campaña, prenderíamos la fogata otra vez
y me iría yo solo a pedir ayuda a la recepción. Estuvo de acuerdo conmigo,
revisó los amarres en los brazos de su hermana y empezó llorar en silencio. Yo
sentí que estaba a punto de quebrarme esto era demasiado para una noche, pero
aún faltaba muchas cosas por pasar.
En la sala Jessy abrió
una de las botellas de tequila que llevábamos para nuestra fogata nocturna y le
sirvió un poco a Rocío para que se relajara, cuando de pronto escuchamos
nuevamente unos golpes pero esta vez fue en la puerta del pequeño ático dentro de la cabaña, yo agarré
un cuchillo y me subí con trabajos en aquella angosta escalera y me detuve a unos
pasos de la puerta con el candado y la cadena, escuché como bufidos y jadeos
que venían de adentro, me incline hacia adelante para escuchar mejor y entonces
la pequeña puerta se empezó a azotar con más fuerza, yo me asusté mucho y me
bajé como pude de ahí, pero entonces toda la cabaña empezó a temblar
nuevamente, corrí hacia la recamara de Rubén y le ayudé a cargar a su hermana,
mientras le pedía a Jessy que agarrara las tiendas de campaña y todo lo que
pudiera, bajamos lo más rápido que pudimos, las escaleras estaban resbalosas
por la lluvia y nos fuimos a donde estaba el asador y la mesa plegable, Jessy
armó una las casas de campaña y nos ayudó a meter a Kary, apenas la acomodamos
yo traté de prender la fogata pero estaba completamente mojada, pero recordé
que Rubén había dejado parte de la leña bajo la cabaña, corrí y me la traje, aún
estaba seca, y tras varios intentos logré encender la fogata nuevamente, eso me
animó un poco pero al voltear a ver nuestra cabaña ésta se seguía moviendo y
entonces vi que Rocío empezó a correr aterrada hacia el bosque a pesar de nuestros gritos de que se detuviera, Rubén
tuvo el impulso de ir tras ella pero lo detuve y le señalé a su hermana
mientras yo corría detrás de Rocío que ya se había perdido entre los árboles y
la niebla.
Seguí corriendo por un
minutos en medio de aquel bosque sin saber realmente hacia dónde dirigirme mientras
le gritaba a Rocío, la lluvia había parado por completo pero todo el camino era
un lodazal, me tuve que detener en varias ocasiones para recuperar el aliento y
en eso me pareció escuchar un grito de ella a lo lejos, así que corrí hacía donde
me pareció que se escuchó, pero por la neblina no me di cuenta que era la
pendiente que bajaba al lago, solo sentí como si me hubieran quitado el piso de
los pies y me fui de boca, alcancé a meter las manos pero aun así rodeé hacia
abajo por varios metros, chocando contra ramas y piedras hasta que un enorme
tronco detuvo mi caída y por más que traté de evitarlo me golpeé fuertemente en
la cabeza.
No sé cuánto tiempo pasé
ahí tirado pero me despertaron los gritos de horror de Rocío, me levanté como
pude pero me dolía muchísimo la cabeza y un tobillo, cuando por fin logré
ponerme de pie me di cuenta que estaba a orillas del lago junto al pequeño
puerto, a unos metros frente a mi estaba Rocío llorando y gritando
desesperadamente con el agua hasta a la cintura, sentí un escalofrío en todo mi
cuerpo, yo no sé nadar, nunca pude aprender, pero no lo pensé mucho, me quite
la chamarra y los zapatos y como pude me acerqué a ella, el agua estaba helada,
seguí caminando hasta quedar frente a ella, pero a mí el agua me llegaba hasta
la rodillas, ella debió de haber caído en una zona más profunda, al verme me
estiró los brazos pero me hizo una cara de angustia para señalarme de que algo
la estaba jalando hacia el fondo del lago, pero no podía espera más así que la
agarre muy fuerte del antebrazo con mis dos manos y la empecé a jalar con todas
mis fuerzas, el agua se empezó a agitar y aquello que la agarraba le dio un
tirón muy fuerte, hubo un momento en que ella se hundió por completo por varios
segundos, yo me aferré a su brazo, pero mis pies se resbalaban sobre la tierra dentro
del agua, en algún momento sentí que nos llevaría a los dos, me encomendé a
dios y la jalé con todas mis fuerza hasta que por fin salió del agua de nuevo
jalando desesperadamente el aire, entonces pudimos salir de ahí, prácticamente nos
arrastramos hasta un poco más arriba de la orilla, a lo lejos se escucharon
nuevamente aquellos aullidos aterradores, la ayudé a levantarse pero empezó a
quejarse, su pantorrilla sangraba, le puse mi chamarra encima y poco a poco
subimos aquella pendiente, la neblina había desaparecido casi por completo, una
vez en el bosque traté de ubicarme y empezamos a caminar.
Llegamos a la cabaña en unos minutos, en
cuanto Jessy nos vio corrió a abrazarnos y nos acercamos a la fogata, yo estaba
temblando de frio y de miedo, Rocío se fue a la tienda donde estaba Rubén y su
hermana, en cuanto se marchó le pregunté a Jessy como seguía la chica y me dijo
que apenas y respiraba. En ese momento ya no pensaba lo que hacía, subimos a la
cabaña por nuestras cosas, pero al entrar un olor a podrido nos hizo vomitar,
Jessy se tuvo que salir de nuevo a la escalera a recuperar el aliento, yo me tapé
la nariz y casi a tientas, ya que todas las lámparas de acéitese estaban rotas,
busqué nuestras maletas en las habitaciones, las agarré como pude y cuando estaba
a punto de salir sentí que alguien o algo estaba detrás de mí, por un instante
escuché su respiración sobre mi nuca, no volteé esta aterrado, Jessy tomó
algunas de las cosas y nos bajamos.
En la tienda de campaña
me cambié la ropa mojada, me guardé una lámpara y mi navaja, me acerqué por
unos momentos a la fogata y Jessy me abrazó por la espalda y así nos quedamos
por un instante. Hasta ese momento habíamos perdido por completo la noción del
tiempo, ninguno de nuestros teléfonos funciona, no sabíamos ni siquiera que era
hora, ni cuanto faltaba para el amanecer. En este punto tengo que confesarles
que nunca me he considerado una persona valiente, pero alguien tenía que ir a
pedir ayuda, la hermana de Rubén está muy mal y la herida en la pierna de Rocío
sangraba mucho. Ya no había mucho que decir, abracé a Jessy muy fuerte y le
prometí que regresaría lo más pronto que pudiera con ayuda, y eché andar por el
sendero por donde habíamos llegado. Nunca se lo dije a Jessy, pero no quise
voltear cuando ya me iba porque estaba llorando de miedo, iba aterrado pensando
en que podría pasarme algo en el camino, o peor aún, que a ellos les podría
pasar algo mientras yo no estuviera aquí, no paré de llorar hasta mucho después.
Estuve trotando sin parar
durante un rato, realmente no tenía una buena condición, era más el miedo el
que me movía que otra cosa. El sendero estaba hecho un lodazal y mi tobillo se
resentía a cada paso que daba, hubo momentos en los que me tuve que detener y sobármelo
y aunque ya no hacia tanto frío como hace un rato, pero por el esfuerzo se me empezó
a hinchar toda la pierna. No sé cuánto tiempo caminé, se me estaba haciendo
eterno el camino, y fue entonces que volví a sentir que alguien estaba detrás
de mí, sentía como me respiraba en la nuca y de pronto escuché aquella
aterradora voz que decía: «van a morir», entonces no pude evitar lanzar un
grito de coraje y de frustración, éramos buenas personas no merecíamos esto, apreté
el paso a pesar de dolor intenso que me provocaba.
En verdad estuve a punto de tirarme ahí y
dejar que pasara lo que tenía que pasar, hasta que por fin a lo lejos vi la casa
donde estaba la recepción del Campamento, tengo que decirle que fue una de las
experiencias más gratas que he tenido en mi vida. Apenas llegué y me desplomé a
la entrada del estacionamiento, casi de inmediato se acercaron un par de
guardias para ver que me había pasado y empezaron a radiar a los empleados en
turno, en cuanto pude contarles un poco de lo que habíamos pasado, llamaron a
los servicios médicos y a la policía, el gerente nocturno no me escuchó o no quiso escucharme, mientras les decía a
sus compañeros que estaba casi seguro de que los responsables habían sido
alguna banda de atracadores de la zona, fue cuestión de unos minutos cuando
escuché que llegaba un helicóptero de Protección Civil y casi a la par un par
patrullas y una ambulancia, el gerente le pidió a unos jóvenes empleados que
guiaran a los oficiales y a la ambulancia a la referida cabaña, mientras él se
dirigía con los rescatistas al helicóptero, yo en ese momento les supliqué ir
con ellos, no lo pensaron mucho y me permitieron abordar.
Mientras volamos hacía
allá, sentía que la angustia se saldría de mi pecho, no podía dejar de imaginar
que otra cosa los hubiera atacado, pero en solo uno minutos uno de los
rescatistas me preguntó si aquella era nuestra cabaña, desde arriba se veía la fogata
y las tiendas de campaña y ahí esta Jessy agitando su mano. Aterrizamos, el
personal de Protección Civil sacó la camilla y los llevé hacia la tienda donde
estaba Kary, la imagen que vi al abrir la tienda fue muy triste, Rubén lloraba
abrazado al cuerpo de su hermana, uno de los rescatistas se acercó y suavemente
lo retiró y empezó a revisarla, Rocío abrazó a Rubén mientras el otro
paramédico revisaba su pierna. Ya se escuchaban las sirenas de las patrullas y
la ambulancia sobre el sendero, fue cuestión de minutos cuando aparecieron
frente a nosotros.
No me había dado cuenta,
pero me escurría mucha sangre de la frente, Jessy me ayudó a sentarme, pero al
agacharme sentí que se me partía la pierna en dos y fue entonces cuando perdí
el conocimiento. Jessy me contó que los oficiales cercaron toda el área, mientras
que otros le ayudaron a subirme a la ambulancia y que el helicóptero ya había
despegado con Rocío, Rubén y Kary. Yo recuerdo que desperté cuando iba en la
ambulancia con Jessy, pero el dolor era tan fuerte que me desmayé otra vez, lo
último que recuerdo es aquel sendero de lodo tras la ventanilla de la
ambulancia.
Desperté en el hospital,
tenía el tobillo prácticamente pulverizado, me tuvieron que operar de
emergencia y darme varias puntadas en la herida de la cabeza, tuve que
permanecer varias semanas ahí tenía algunas costillas lastimadas. Jessy estuvo
conmigo todos los días, en alguna charla me comentó que había tratado de
comunicarse por teléfono con Rocío, pero que nunca le tomó la llamada, y que
los mensajes se los dejaba en visto.
Casi un mes después me
dieron de alta y cuando llegué por fin a casa, apenas entramos y sonó el
teléfono de Jessy, era una amiga en común con Rocío, fue breve, apenas colgó me
abrazó y empezó a llorar, entre sollozos me alcanzó a decir que Kary había
muerto tras estar tres semanas en coma, y que Rocío y Rubén estaban devastados.
No pudimos ir al funeral, no querían vernos ni en pintura, de alguna manera nos
hacían responsables de lo que pasó ahí.
Tiempo después nos enteramos que terminaron su relación y que Rocío se fue a vivir a otro estado. Jessy y yo permanecemos juntos, pero sé que también algo cambió entre nosotros.
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