La ouija
Tengo que confesarles que
la verdad esa fue la primera vez que jugué la ouija, porque si me daba mucho
miedo hacerlo, había visto tantas películas de terror y de espanto que la
verdad no me daba nada de ganas, pero aquel día era especial para nosotros, fue
el último día de clases del semestre. Ese viernes Janet nos invitó a tomar a su
casa, nos dijo que estaría sola todo el fin de semana, ya que sus papás se habían
ido desde ayer a visitar a sus abuelos a Michoacán, así que nos quedamos de ver
a la hora de la salida.
Janet y yo fuimos las
primeras en llegar, después llegó Oscar, Mario y Luis, y al último Elena con
Rocío. Ahí mismo hicimos la coperacha para pasar por las cervezas y el tequila
antes de irnos a su casa, nos fuimos en el carro de Janet, hasta ese momento
ninguno de nosotros sabía dónde vivía, ella nos dijo que por la alcaldía de Iztacalco
y nos dejamos guiar, después de un rato llegamos frente a la reja de una
cerrada en donde había dos vigilantes, la saludaron amablemente y nos dejaron
pasar, parecía una zona residencial medio exclusiva. Se estacionó frente a una
casa muy bonita de dos pisos con techo de tejas y un jardín muy grande, todos
nos quedamos con la boca abierta. Apenas entramos nos adueñamos de la sala y
empezamos a repartir las cervezas. La celebración había empezado.
Perdí la noción del
tiempo, la verdad la estábamos pasando muy bien, pero tenía que estar en casa
antes de las once y no tenía ni idea de cómo salir de aquí, así que aproveché
un momento en que perdí a Janet de vista para descansar en el sillón, así
estuve unos minutos y al intentar pararme
de nuevo me sentí muy mareada, tengo que reconocer que había estado mezclando
la cerveza con el tequila, no podía llegar a casa así por lo que decidí quedarme otro rato para que se me
bajara un poco y me volví a sentar, fue entonces cuando vi a Janet bajando de
las escaleras con una caja del juego de la ouija y una libreta en las manos,
caminó hacia mí y se sentó a mi lado mirándome retadoramente. Ella sabía que me
daban mucho miedo esas cosas, pero su miradita me picó el orgullo, entonces quité
todos los vasos y latas de la mesa de centro, le arrebaté la caja de las manos y
la puse sobre la mesa. Oscar apagó el estéreo y todos se acomodaron alrededor
de nosotras. Janet me sonrió burlona y gritó: «nosotras primero», nos
arrodillamos frente a la mesa de centro, ella le dio la libreta a Elena que
estaba a su lado y le pidió que fuera apuntando las letras o números que
señalara, se volteó y me sonrió, pusimos nuestras manos sobre el planchette y me
dijo que no lo presionara fuerte que apenas y lo rozara, yo estaba muy nerviosa
sentía mis manos sudadas, todos guardaron silencio y entonces ella preguntó en
voz alta: «quieres jugar con nosotros», pasaron algunos segundos y nada,
entonces volvió hacer la pregunta y esperamos otros segundos y no pasó
absolutamente nada, en ese momento hasta me relajé y pensé que todo este juego era
una mentira, retiré mis manos dispuesta a pararme, pero Janet me pidió que lo
intentáramos solo una vez más y que si no pasaba nada ya no me molestaría, no
lo pensé mucho y le dije que solo una vez, entonces le pidió a Luis que le
pasara unas velas que estaban sobre la mesa del comedor y que apagara la luz, apenas
se las dio puso una de cada lado de la Tabla y las prendió, eso le dio un
aspecto bastante tenebroso a todo, se acomodó nuevamente y me hizo un gesto
para que pusiera las manos otra vez, hizo una pausa larga y volvió a preguntar:
«quieres jugar con nosotros», apenas terminó la frase y empecé a percibir un
ligero temblor en el planchette y en ese momento sentí como se empezó a desplazar
suavemente sobre la Tabla, como si algo lo estuviera empujando, un escalofrío
impresionante me recorrió de pies a cabeza cuando se detuvo sobre SI, yo busqué
la mirada de Janet pero ella la tenía fija en la ouija, y sin más preguntó:
«cómo te llamas», yo iba repitiendo en mi cabeza cada una de las letras que
íbamos recorriendo y entonces me apareció el nombre de L-I-L-I-T-H, aunque
estaba aterrada había algo en mí que no podría explicar que evitaba que
salieron corriendo de ahí, el juego era real no éramos nosotras las que
estábamos moviendo aquella Tabla, entonces Janet hizo otra pregunta que no
entendí porque la hacía en ese momento: «¿eres un demonio?», la Tabla se empezó
a deslizar hacia SI pero un poco antes de llegar se detuvo. Nos quedamos en
silencio por un momento conteniendo la respiración, yo quería terminar ya el
juego, sentía que me faltaba el aire, pero Janet insistió y le preguntó si
quería seguir jugando con nosotras, en ese momento el planchette se movió muy
rápido y nos arrastró hacia NO. Yo quité las manos asustada, Janet me miró
duramente y me hizo una seña con la cabeza de que regresara, sus ojos tenían
algo muy extraño que me causó mucho miedo y sin dejar de mirarla puse las manos
otra vez, cerró los ojos, respiró profundamente y preguntó el por qué no quería
seguir jugando con nosotros, el planchette permaneció inmóvil, yo trataba de
jalar el aire por la boca, cuando de repente, sin esperarlo, se empezó a
desplazar el planchette demasiado rápido sobre las letras, una tras otra,
apenas y me daba tiempo seguirla con mis manos, hasta que formó la palabra L-A-R-G-A-T
y al llegar a ésta letra, casi al mismo tiempo Janet y yo quitamos las manos,
pero entonces ante nuestras miradas de terror el planchette se desplazó solo
sobre el tablero, muy despacio hacía la E, yo sentí que me hundía en el piso,
la Tabla se empezó a mover como si estuviera vibrando aquella mesa de centro y
el planchette salió disparado por los aires como si alguien le hubiera dado un
manotazo, las dos nos paramos asustadas, todos los demás ya había corrido hacia
la puerta, pero al intentar abrir no pudieron, nos dijeron después que parecía
como si alguien la jalara desde de afuera, y en ese momento se escuchó un
horrible sonido sobre las ventanas, como si estuvieran rasgando todas al mismo
tiempo con algo de metal sobre los vidrios, Elena se desmayó, Oscar la alcanzó
a detener y Luis le ayudó a recostarla en el piso, mientras Mario y Rocío se
quedaron abrazado juntos a la puerta, el ruido sobre las ventanas se detuvo y
Janet y yo corrimos hacía la sala, las velas se habían apagado y todo estaba
muy oscuro, entonces tropezó con una de las patas de la mesa de centro, alcancé
a sujetarla de un brazo y al intentar jalarla para abrazarla me apareció su rostro
deformado con muchas llagas abiertas y los ojos en blanco, no pude más, di un
grito horrible y la solté, ella cayó a mis pies, yo me dejé caer a su lado en
cuclillas tapándome la cabeza con las manos, por unos momentos solo escuchaba
los gritos de terror de los demás y de pronto todo quedó en silencio.
Abrí muy despacio los ojos, Janet estaba a mi lado, sangraba de la boca, de la nariz y de los ojos, escuché a lo lejos que alguien de afuera gritaba si estábamos bien, yo me acerqué a Janet y la abracé. Los vigilantes de la cerrada tuvieron que hablarle a una ambulancia y a la policía porque Janet no despertaba, ninguno de los policías nos creyó lo que les contamos acerca de la ouija, solo se nos quedaban mirando y después volvía a preguntarnos una y otra vez: «qué drogas se metieron».
Janet estuvo hospitalizada casi un mes y medio, sus papás no me dejaron visitarla en el hospital, ellos estaban convencidos de que nosotros habíamos llevado las supuestas drogas que ese día estuvieron a punto de matar a su hija, y cuando salió del hospital ya no regresó a la escuela, cerró sus redes sociales y cambio su número de teléfono. No hemos sabido nada de ella desde entonces. La extrañamos mucho.
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